Se exprime el cítrico, luego se seca y se desecha como materia orgánica;
esa composta que será utilizada nuevamente para hacer crecer bellas flores,
y esta siempre estará por debajo, enterrada entre la oscuridad.
La llave maestra que abre todas las puertas hacia la felicidad,
pero esta no pasa más allá de la cerradura,
por el hueco se introduce la pluma, se empuja y se gira, y sale.
Como fugitivo de la ley, huyendo con temor,
entre cadenas y con poca movilidad;
igual que un primer desamor; estando en cama sin poder moverte.
Amor puro, bendito, leal, y maldito;
tan apasionado y desgarrador al mismo tiempo.
Las manecillas del reloj giran a favor,
entre esperanzas, sueños y fe; si se pudiese volver atrás se pondrían en contra,
aunque lo único que queda es alimentarse de los recuerdos.
Un día comes un platillo de un restaurante distinguido de la ciudad,
y otro día en el puesto que venden carne en mal estado siendo así muy barato.
Dolor a la mitad de la noche que te dobla sin poder caminar,
el rechazo que te parte el alma y caes de rodillas,
suenan del mismo modo del anunciamiento de aquella boda que no ocurrirá,
no tendrás vestido de color blanco,
jamás se mirarán aquellas perlas que son cubiertas por los párpados cuando se duerme.
Insomnio cada noche,
largas y desesperantes,
cobardía por perder;
atragantarse con su propia saliva;
un suicidio en lagunas mentales.
Con ganas de poseer una playa calurosa para poder derretir el glaciar,
los puntos de localización son lejanos entre sí,
y caricias más cercanas que los vellos enterrados.
Dentro de una tomografía, la diferencia entre el apex y el punto más delgado de la córnea no debe ser mayor a siete micras para considerarse normal;
menor entre el destilado y el humo.
Contaminación letal,
ni en facista más cruel y malévolo sintió peor envenenamiento que palabras de desprecio.
Dos tierras divididas por el muro de Berlín,
druida al realizar tantas tareas;
entre las hojas la inicial del numen que incita a dar más allá del límite visible.
Desapareció, sin tinieblas, se vio marcharse sin voltear atrás.
Ausente quedó, y suplicas sobre el reclinatorio,
entre lagrimas, y sin poder comprender que también ya se había dejado a sí misma.
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